Por qué mueren las empresas?

las lapidas de las empresasEn pocos días, recibo en mi correo dos notas: una que usé para titular el post, y la otra indicando que el ciclo de vida de las marcas no termina con su muerte, resucitan transformadas.
 
Alberto Loyarte nos acerca la primera, levantada del blog de Javier Mejías. El análisis es interesante y concreto, dos factores clave: caja y valor. Sintetizando brutalmente: la falta de caja te mata, cuando no generaste valor que te permitiera vivir.
 
Javier nos desafía con frases como “La empresa no ha sabido crear suficiente valor para sus clientes, y tras unos años renqueantes muere de apatía, de mediocridad. Pero sobre todo muere de comodidad.”
 
Entonces, la nota completa. Como siempre, links al final:


 

¿Por qué mueren las empresas?

 
por que mueren empresasAunque se atisban ciertos brotes verdes en el horizonte (como siempre), las tasas de mortalidad de las empresas siguen siendo extremadamente altas… ¿Por qué es tan difícil que una empresa sobreviva? ¿Qué las empuja a la tumba? A riesgo de seguir con un tono siniestro, deberíamos analizar la cuestión y no quedarnos en que “falta financiación” (que es cierto).
 
Y es que aunque podríamos argumentar que la causa principal de cierre de empresas es la falta de liquidez, sería como decir que han muerto porque se les ha parado el corazón (y el corazón de toda empresa es su caja). Es algo que nos da información de la razón inmediata de la muerte, pero no de la causa raíz.
 
Y sin duda existen muchas causas que pueden hacer que una empresa tenga problemas para financiarse o que se quede sin ingresos, pero la mayoría de ellas son el resultado de un problema de base:

La empresa no ha sabido crear suficiente valor para sus clientes, y tras unos años renqueantes muere de apatía, de mediocridad. Pero sobre todo muere de comodidad.

Muere sin ser recordada, sin ser añorada por nadie más que aquellos que la vieron nacer y los que se quedan sin trabajo. Es otra más que engrosa las estadísticas de mortalidad empresarial. Una auténtica tragedia. Pero una tragedia evitable.
 
Seguramente a todos, a toro pasado, se nos hubieran ocurrido mil ideas geniales que hubieran cambiado el rumbo de la empresa: apostar por Internet antes que nadie, comprar esa máquina que nos intentaron vender hace tanto y que luego fue el estándar o hacerle caso a aquel chaval que nos dijo que el futuro era tal o cual producto. Hacia atrás es muy fácil predecir el futuro y tomar las decisiones correctas.
 
Pero no lo hicimos. No las tomamos porque era más cómodo seguir haciendo más de lo mismo, ordeñar a la vaca, imitar a los grandes del sector y dedicarnos a cuidar nuestro pequeño terruño. Un terruño que año a año se iba haciendo más pequeñito, pero no nos preocupaba, porque no éramos ambiciosos.
 
creatividad
 
Porque todo eso de crecer, la innovación y esas palabras que se han inventado cuatro consultores que nos quieren sacar las perras realmente no tiene sentido en una pequeña empresa o para un autónomo, ¿no?. Eso sólo es útil (o eso dicen) si quieres crecer, ser más grande o conseguir clientes. Pero nosotros estábamos cómodos.
 
El problema es que realmente este mundo no funciona así:

Haya crisis o no, hay dos tipos de empresa: las que agachan el lomo y siembran… y las que se dedican a mirar al cielo a ver qué cae, a esperar que los clientes vengan. ¿Y adivinas cuál de ellas es la que lo está pasando peor ahora, y que tiene más visos de morir?

La mayoría de las empresas mueren porque no han sabido crear un producto o servicio que realmente aporte valor a sus clientes, o al menos valor suficiente como para que paguen por ello. Y aunque en algún momento del pasado lo consiguieran,  a menudo lo que sucede es que se desconectan de esos clientes, se apoltronan y hacen más de lo mismo… que ya es suficientemente duro el día a día (otro gran asesino de empresas). El problema es que olvidan que esos clientes iniciales que tan fieles eran han evolucionado, han ido cambiando mientras que nosotros no… y la competencia si.
 
Así que si no queremos morir, hay que salir a la calle todos los días, a hablar con los clientes, manteniendo un ojo en el presente y otro en el futuro… y con lo que aprendamos, tendremos que agachar el lomo y sembrar. No es cómodo ni fácil, y costará que suceda… pero el otro camino nos lleva a convertirnos en muertos vivientes que finalmente acabarán en el cementerio. Un mal plan, si me preguntas.
 
¿QUÉ OPINAS?
 

► Acceso a la nota original del blog de Javier Mejías, aquí.
 

 
Te había hablado de otra nota relacionada, verdad? El papel digital, tomado de  Portafolio, nos cuenta qué pasa cuando una empresa muere, dejando una marca valiosa. Esta resucita… muchas veces convertida en una apelación a la memoria, que no siempre se asocia con los valores iniciales de la marca. Un reproceso para recuperar dinero de un muerto? Si, claro. La nota:
 

“Las marcas verdaderamente buenas tienden a crecer, morir y resucitar”

pan-am-logoBlockbuster, Pan Am y Mister Donut hacen parte del grupo de marcas que murieron en el mercado de Estados Unidos pero que resucitan y siguen con vida en lugares remotos del globo.
 
Se las puede llamar ‘marcas zombie’. No se trata sólo de Blockbuster, que el mes pasado cerró su último local de alquiler de videos en Estados Unidos aunque la cadena prospera en México.
 
Las compañías están ansiosas por resucitar marcas que alguna vez se destacaron porque los nombres reconocibles llaman la atención de los consumidores internacionales y convencen a las firmas minoristas de lugares distantes de aprovisionarse de lo que para ellas es un producto nuevo. Otras marcas persisten en el exterior mucho después de haber desaparecido en los Estados Unidos.
 
“Las marcas verdaderamente buenas tienden a crecer, morir y resucitar con más frecuencia de lo que se piensa”, dijo Rob Frankel, un consultor de marketing de Los Ángeles.
 
Japón es un mercado particularmente receptivo a las viejas marcas estadounidenses. Basta con pensar en Mister Donut. Fue el mayor competidor de Dunkin’ Donuts en la década de 1980 y contó con 275 locales en los Estados Unidos y Canadá, según el sitio web del restaurante. Sólo queda uno, en las afueras de St. Louis, en Godfrey, Illinois. En 1990, Allied Lyons, la compañía propietaria de Dunkin’ Donuts en ese momento, compró los locales de Mister Donut en América del Norte y los convirtió luego en locales de Dunkin’.
 
Mientras tanto, una firma japonesa fabricante de paños para el polvo llamada Duskin Co. convertía Mister Donut en una cadena de restaurantes con más de 1.100 locales en el país, y emprendedores de otros lugares compraban los derechos para abrir más locales. En la actualidad hay más de 10.000 en el mundo.
 
El caso Pan Am
 
Las marcas poderosas persisten mucho más allá de la vida de sus productos si se las maneja de forma creativa. En lugar de permitir que una aerolínea que no vuela desde hace más de 20 años cayera en el olvido, Pan American World Airways ha prestado el nombre a líneas de ropa, maletas y hasta a un operador ferroviario de Nueva Inglaterra. La compañía firmó también un contrato televisivo con Sony Corp. para un drama histórico de ‘NBC’ en el 2011 que presentaba a la línea aérea.
 
Si bien “Pan Am” sólo duró una temporada, el programa tuvo buen público en el exterior y ha dado nueva fama a la marca. La renovación del interés atrajo a una compañía japonesa que compró los derechos para la venta de productos Pan Am en el país, lo que coincidirá con una gran campaña de marketing en Japón el año próximo, según Brice Cooper, director creativo de Pan Am. “Pan American Airways fue una aerolínea internacional desde el primer momento”, dijo Cooper. “Tiene más posibilidades globales”.
 
Las firmas minoristas y las líneas de productos van y vienen al compás de ciclos económicos, gustos de los consumidores, adquisiciones de empresas o problemas de administración. Cuando regresan, las ‘marcas zombie’ con frecuencia reaparecen en mercados emergentes.
 
“Fuera de los Estados Unidos, todos quieren ser estadounidenses, y eso pasa cada vez más”, aseguró Frankel. “Quieren comprar productos estadounidenses. Importan todo lo que les vendemos, desde vaqueros hasta MTV. Nada les alcanza”. [?]
 
Fuente: Portafolio
 
El signo de interrogación es mío.
 

 
 
 

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