Desatar nuestros nudos gordianos

Un cuento brevísimo de Alejandro Jodorowsky ilustrado por Bouq:

– Maestro, me es imposible decir si este vaso está medio vacío o medio lleno. ¿Qué hacer?
– ¡Rompe el vaso!

Me sirvió como disparador, me hizo pensar en situaciones similares: el nudo gordiano, la expresión einsteniana de no pretender que las cosas cambien, si hacemos lo mismo. Te dejo algunas reflexiones:


 

 
 

El nudo gordiano y Alejandro Magno

Todos sabemos que con nudo gordiano implicamos una situación muy complicada, que demanda pensamiento lateral para ser resuelta. Pero ¿conocemos la historia?

 

Ubiquémonos unos cientos de años antes de Cristo, digamos 333 ó 34. Cuenta la leyenda que el acceso al Oriente sólo sería para quien pudiera desatar un nudo, el que un campesino frigio usó para atar sus bueyes al yugo, tan complicado que hacía imposible desatarlo. El campesino en cuestión había sido luego ungido rey de Frigia, y dio lugar a una dinastía de reyes que adoptaron los nombres de Midas y Gordias, alternativamente; pero esa es otra historia. El asunto es que carreta y yugo, atados por el mítico nudo, se conservaban en lugar privilegiado.

 

Alejandro Magno, con el propósito de conquistar el imperio Persa, cruzó el Helosponto llegando a Frigia, la puerta de acceso a su camino de conquistas hacia el Este. Allí debió tomar sus decisiones (como si su vida no fuera un continuo tomar decisiones!): la primera, si daría entidad a la tradición que sólo auguraba el éxito en la conquista de Asia para quien lograra desatar el nudo. Porque una de sus opciones era la de ignorarla, hacer como si la tradición no existiera.

 

Alejandro, demostrando el valor que lo caracterizaba, tomó el desafío. Aceptó la tradición, decidió que comenzaría su campaña bajo el augurio que afirmaba que quien desatara el nudo gordiano podría conquistar Oriente. Los valientes no sólo vencen el temor, el primero de los enemigos, también dejan que sus otros enemigos se sientan intimidados por su valor. Comienzan, así, a vencer a la distancia.

 

Decidido a desatar el nudo gordiano, quedaba elegir la forma de hacerlo. Tomada una decisión, el camino que separa el éxito del fracaso pasa por el cómo. Alejandro debía desatar el nudo al “estilo Alejandro Magno“, alguien que en sólo 33 años de vida (356-323 a.C.), 13 de reinado, ampliaría las fronteras del Imperio hasta abarcar parte de tres continentes, llamado luego el Bicorne de Macedonia por las coronas de Occidente y de Oriente; en ese entonces tenía 23… No puedo imaginar a Alejandro lidiando con un nudo, esforzándose por deshacer lo que un simple mortal había hecho.

 

Cuál sería, entonces, la forma de resolver el problema digna de este héroe ya, discípulo de Aristóteles, hijo de Filipo II de Macedonia y convencido que tenía destino de grandeza, la grandeza del conocimiento y también la de la espada, usada con inteligencia (o, mejor, la de la inteligencia, usada con la espada)?

 

Justamente fue esa la manera elegida por Alejandro para resolver el dilema “humano”, a su modo: levantó su espada, y de un solo tajo, cortó el nudo al medio. Así escribió un nuevo capítulo de su historia, que fue casi la historia del mundo en esa época.

 

Inteligencia, valor, espada, los medios. El fin, conseguido: su conquista llegó hasta la India.

 
 

 

No pretendamos que las cosas cambien, si seguimos haciendo lo mismo (Albert Einstein)

Conocemos a Einstein como el científico más importante del último siglo, todos sentimos que sus teorías (que no comprendemos) marcan una bisagra en la historia. Ocurre que además de científico, Einstein era humano. Y pensaba en más cosas que en la ciencia. Dicen que dijo:

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y paises, porque la crisis trae progresos, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es de la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar superado. Quien atribuye la crisis a sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones, la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los paises es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin la crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, acabemos de una sola vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

Enfrentar problemas nuevos con ideas nuevas. El concepto es simple, lo difícil es hacerlo, ¿verdad?
 
Usar las crisis en nuestro propio provecho, como una oportunidad de cambiarnos a nosotros mismos, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, no con nuestro talento: trabajemos nuestro talento, modifiquémoslo, mejorémoslo, Einstein dixit.
 
De paso, sabías que recibió el Premio Nobel de 1921 en 1922, y que fue por su descubrimiento de las leyes del efecto fotoeléctrico, y no por la teoría de la relatividad? La Teoría Especial de la Relatividad había sido publicada en 1905, y la de la Relatividad General en 1915; en 1919 se realizó la primera verificación experimental. Pero dicen que para los evaluadores era demasiado complicada y temieron que tuviera errores; además, las indecisiones los demoraron.
 
Como de costumbre, no todos reaccionamos a los desafíos de la misma forma.

 

Mi cierre

 

Siendo, como soy, escéptico en materia religiosa y ecléctico en materia filosófica, termino en estos casos abrevando en la clásica oración:

Señor concédeme
Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
Valor para cambiar las que puedo, y
Sabiduría para reconocer la diferencia

Porque, al fin y al cabo, qué otra cosa necesitamos para tomar nuestras decisiones?

 

Alejandro Magno, supo reconocer la diferencia; Albert Einstein nos instó a aprovechar las crisis para superarnos a nosotros mismos (que, entre paréntesis, es a la única persona que debería importarnos superar).

 

Tengo otras imágenes para esta situación, una es la de quemar las naves como Hernán Cortés, que es buena pero no me agrada en este contexto porque implica cerrar un camino, y hemos hablado de otra cosa. Aunque también valga. Y la otra, el cruce del Rubicón por Julio César (cuando dijo su Alea jacta est, la suerte está echada), porque es sólo la exteriorización de una voluntad. Y aquí hemos hablado de otra cosa, del desafío en sí mismo. Aunque también valga, después de desatar tu nudo gordiano podrás cruzar todos los Rubicones, sin necesidad de quemar naves. Porque atrás no será un camino posible, ni aunque te esperen todos los navíos.

 
 

Mi propuesta

 

Identifiquemos nuestros nudos gordianos, aquellos obstaculos que nos cierran el paso hacia lo que interpretamos es nuestro destino, a donde realmente queremos llegar o que, más apropiadamente, representan el obstáculo.
Y hagamos lo necesario, eventualmente cambiando las reglas del juego.
Porque, dirigiendo nuestra empresa o nuestra vida, somos nosotros los que dictamos las reglas del juego – porque, aún en sociedad, las normas para elegir qué y cómo son, en gran parte, nuestras.
Y, acaso, no es el objetivo del juego nuestra propia autorrealización?
 
Sin ninguna duda, es después del nudo gordiano donde está nuestro éxito.

 

 
 
 

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One Response to “Desatar nuestros nudos gordianos”

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