La sabiduría colectiva y sus límites

Mario Diament

Mario Diament | Crónicas norteamericanas | Exterior | 23.6.07 | Link corto: http://www.lanacion.com.ar/919853

MIAMI– En 1841, Charles MacKay, un escocés que trabajaba para el periódico londinense The Morning Chronical , escribió un libro que tituló Delirios extraordinariamente populares y la locura de las multitudes, en el que trataba de responder a una pregunta inquietante: ¿por qué individuos habitualmente sensatos e inteligentes se convierten en masas idiotas cuando actúan colectivamente?


 
MacKay cita como un ejemplo de esta demencia masiva, la llamada Fiebre de los Tulipanes, desatada en Holanda en 1624, cuando la avidez por poseer una de estas flores, erigidas inesperadamente en símbolos de estatus por las clases altas, llevó su cotización a precios más altos que los del oro.
 
La tesis de MacKay reinó indisputable hasta 2004, cuando en plena era de Internet James Surowiecki, columnista de la revista The New Yorker, se propuso desbaratarla con La sabiduría de las multitudes , un fascinante tratado que procura demostrar cómo las multitudes o grupos de gente corriente pueden muchas veces tomar decisiones más inteligentes que los especialistas y los expertos.
 
El autor sostiene que el valor agregado y el conocimiento de millones de personas es superior al de individuos solitarios, por más expertos que sean en sus especialidades, y que las respuestas de la multitud son más acertadas cuando la gente actúa independientemente, sin ejercer influencia unos sobre otros, pero, al mismo tiempo, tomando subconscientemente en cuenta cómo actúan los demás.
 
Surowiecki inicia su argumento con una anécdota del científico británico Francis Galton. En 1906, durante una feria ganadera, Galton se propuso averiguar hasta qué punto podría un grupo de 787 personas determinar el peso exacto de un buey. Cuando el peso del buey fue revelado -543 kilogramos-, resultó que la estimación promedio de la multitud había sido, asombrosamente 542,5 kilogramos.
 
En su momento, el libro de Surowiecki se convirtió en un bestseller y el concepto -la sabiduría de las multitudes ( The wisdom of crowds , en inglés)- se popularizó en el mundo corporativo.
 
De hecho, la operación de sitios como Yahoo, Google, MySpace y Netflix está basada en esta suerte de colectivismo online y recientemente Netflix, la empresa líder en alquiler de películas, convocó a un certamen internacional apelando a la “sabiduría de las multitudes” para perfeccionar su sistema de recomendaciones.
 
La noción de que es posible recurrir a la opinión de las masas para dilucidar problemas de toda índole da lugar a inesperados emprendimientos. Uno de los más curiosos es Hollywood Stock Exchange (hse.com) , una especie de bolsa de valores de la actividad cinematográfica en la que las cotizaciones de films y estrellas suben y bajan de acuerdo con la “oferta y demanda” de los 700.000 miembros del sitio.
 
En términos reales, se trata de un juego online en que los participantes apuestan al éxito de una película o de un actor, pero los estudios cinematográficos toman estos resultados muy en serio en el momento de hacer sus propias evaluaciones.
 
Según Chris Anderson, autor de La larga cola: por qué el futuro del comercio reside en vender menos de más, el mundo está dejando atrás la Era de la Información y entrando en la Era de la Recomendación.
 
Por primera vez en la historia, es posible medir las pautas de consumo, tendencias y gustos de todo un mercado en tiempo real y ajustar la oferta a los resultados. “Estos nuevos formadores de gusto no son una superelite de gente más conocedora que nosotros: somos nosotros”, escribe Anderson.
 
Pero aun cuando la sabiduría colectiva logre reemplazar eficazmente a la imaginación individual en ciertos sectores de la economía, hay regiones de la actividad humana en que su aplicación ha dado escasos resultados. Una de ellas es la de la creatividad.
 
A fines del año pasado, la editorial Penguin lanzó una convocatoria universal para escribir una novela colectiva a la que denominó Un millón de pingüinos . La experiencia concluyó en marzo, después de haber contado con el aporte de 1500 personas y haber demandado 11.000 correcciones. Pero aunque más de 75.000 personas visitaron el sitio, nadie piensa que Un millón de pingüinos pueda competir con una página de Tolstoi o de Balzac.
 
Una experiencia similar se hizo en cine, con la película “Terror a bordo”, dirigida por David Ellis y protagonizada por Samuel L. Jackson. La productora New Line Cinema incorporó algunas de las reacciones que cosechó de su sitio y readaptó el guión sobre esta base. El resultado ha sido, generosamente hablando, catastrófico.
 
Por seductora que resulte la apuesta a la superior inteligencia de las multitudes, no sería mala idea detenerse en la advertencia de Charles MacKay en su famoso librito, publicado 166 años atrás: “La gente, es sabido, piensa en manadas; se verá que también enloquece en manadas y sólo recobra la cordura lentamente, uno por uno”.
 
Por Mario Diament
 
Se trata de un tema realmente interesante, hasta fascinante. Hemos posteado al respecto en La Sabiduría de los grupos.
 
Es revelador el artículo de Wikipedia, que citamos en aquel post: “Sabiduría de los Grupos“; la versión en inglés es más completa: “Wisdom of the Crowds“, sólo en la versión en inglés de Wikipedia existe un artículo sobre Surowiecki
 
 
 
 

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One Response to “La sabiduría colectiva y sus límites”

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