Pensamiento Sistémico

Los detallistas suelen ser malos pilotos - Pensamiento sistémicoLos detallistas suelen ser malos pilotos.
Es normal, al viajar en avión, padecer el efecto de turbulencias invisibles. Es cuando todo el entorno se sacude con el frenesí de una murga entusiasta mientras que afuera no se ve nada amenazador.
 
Aquellos administradores que se obsesionan por los detalles, que se afanan por saber todo, sufrirán el mismo pánico que los fóbicos a los vuelos en avión. Se encontrarán de pronto sumidos en un entorno que no pudieron prever.
No son los detalles los que llevan a la solución: sólo a través del Pensamiento Sistémico podremos conducir nuestra empresa a través de las turbulencias con las que nos encontremos.


 
 

¿Quién sería capaz de reunir completamente solo, en su despacho -aunque sea un monstruo de trabajo-, todas las ramificaciones del más insignificante de los hechos?
De Franz Kafka, en El castillo, Editorial Abraxas, Pág. 270

Es normal, al viajar en avión, padecer el efecto de turbulencias invisibles. Es cuando todo el entorno se sacude con el frenesí de una murga entusiasta mientras que afuera no hay nada amenazador. Un cielo limpio, sin tormentas, ni siquiera nubes; en suma, el mejor de los mundos. Quienes conocen el tema dicen que el hecho sucede incitado por dos motivos. Uno es mecánico, producto del relieve del terreno sobre el que se sobrevuela, y el otro térmico, donde intervienen los desniveles de temperatura del aire sobre el que se apoya el avión. La característica común es que no pueden verse a simple vista, pero se sufren igualmente. Una mínima parte de esta situación es lo que nos describe Kafka, poniendo en boca de un funcionario exasperado el reconocimiento de sus limitaciones.
 
Aquellos administradores que se obsesionan por los detalles, que se afanan por saber todo, sufrirán el mismo pánico que los fóbicos a los vuelos en avión. Se encontrarán de pronto sumidos en un entorno que no pudieron prever porque los relieves y las temperaturas de quienes trabajan con ellos son imperceptibles.
 
Hasta los más sagaces y astutos serán sorprendidos en algún momento, lo cual hace que la práctica del management termine siendo una tarea indescifrable. Los detalles se escurren siempre, los remolinos se forman sin previo aviso, y hasta aparecen tormentas de odios y amores que ningún instrumento técnico hubiera podido anticipar.
 
A partir de este sentimiento de terror pueden surgir las decisiones más arbitrarias, con el propósito de domesticar una realidad -la humana- que es arisca. ¿Cómo no comprender entonces, mediante una mirada compasiva, la necesidad de las recetas para el ejercicio del liderazgo? Aunque no sirvan para solucionar nada en forma definitiva, son un placebo que da lugar a resultados subjetivos cuya gratificación es inmediata. “Las fórmulas para averiguar todo existen y sólo es necesario encontrarlas”, dirá el funcionario obsesivo. O bien: “Averígüenme cuánto cuestan y cómprenlas inmediatamente”, ordenará quien maneja la caja.
 
La incertidumbre de las relaciones humanas no tiene precio fijo. Depende, más que ningún otro objeto del mercado, del valor que se le adjudique a cada hecho en cada minuto. El que lo soporte, sobrevive. Quien lo niegue, terminará arruinando algún proceso y alguien será perjudicado.
 
Felizmente, los pilotos de los aviones entienden de turbulencias invisibles y no manotean el timón de mando cuando aparecen.
 
Jorge B. Mosqueira
jmosqueira@ar.inter.net

 
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/785978
 
 
 
 

Además, pueden interesarte

Comments are closed.

Arriba
%d bloggers like this: